La actitud del emprendedor

La figura del emprendedor en todas las instancias genera riqueza con preceptos globalizadores, está en continuo movimiento, explora, busca nuevas oportunidades, con sus habilidades crea ideas innovadoras, explota su talento, busca excelencia, combina bien su vocación de servicio en el entorno, su visión está acorde al liderazgo.

En el emprendedor el cambio es constante, no lo puede evitar, se adapta rápidamente. Un emprendedor es muchas veces visto como una persona diferente con características especiales, pero lo único que lo hace diferente son sus ganas de cumplir sus sueños. Todos podemos ser emprendedores, sin embargo no lo desarrollamos por las barreras impuestas por nosotros mismos y por el miedo al fracaso, es por ello que desarrollar y trabajar en nuestro interior es prioritario, para que surja la figura del emprendedor.

Por ello, las actitudes tienen relación con la conducta y el mayor y mejor conocimiento de las actitudes, permitirá́ realizar predicciones más exactas sobre la conducta social humana y sobre sus cambios en el perfil. Las actitudes cambian motivadas por la necesidad de ser coherentes con nuestros conocimientos, aunque a veces adoptamos actitudes contrarias a nuestros convencimientos. Las actitudes son fundamentales al momento de adquirir conocimientos porque la información se asimila y relaciona en torno a dimensiones evaluativas. También son fundamentales al buscar, procesar y responder, no solo la información sobre el entorno, sino también la de uno mismo.

Es decir, las actitudes influyen sobre la forma en que piensan y actúan las personas. Las actitudes conectan el contexto social con la conducta individual, nuestras actitudes demuestran la asimilación de los valores, normas y preferencias que dirigen los grupos y organizaciones de los que formamos parte.

Los cambios en el contexto pueden tener origen en cambios en las actitudes de las personas. Las normas sociales pueden ser cambiadas al cambiar las actitudes de un gran número de personas. Pero también las actitudes se pueden formar por medio de procesos sencillos basados en la familiaridad con el objeto y su asociación con otros estímulos. Las actitudes también se pueden adquirir a partir de la observación de nuestra propia conducta en relación con el objeto de actitud.